Quería hacerla participe de un sueño, que con sólo suspirar, se desvanecía.

No sabía vivir con la ilusión y la impaciencia de llegar a la noche y verla.

La idea de encontrar a esa persona que sin ánimo de lucro entrega el alma sin medida.

Quería enseñarle el sendero que te lleva a las estrellas y caminar entre ellas como estrellas fugaces en el universo, derritiéndose a su paso, fundiéndose en un viaje estelar.

Él soñaba con encontrarla, ella con poderle abrazar, sentarse juntos en la orilla del mar y contarle su sueño y decirle:

Por fin eres real. 

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