Sabías que dolería y clavaste sin compasión la estaca de la indiferencia.
La ausencia de tus letras, tus mensajes que no llegan.
La pérdida de tiempo se hace eterna en el espacio de la distancia entre tú y yo.
Mientras el dolor penetra entre mis carnes, se hace costumbre en un día a día en el que ya no cuesta andar.
Sabias que la ilusión crecería, que esperábamos esos días de caminatas, de poesía.
La estaca se clava, hundida en un pecho frágil, pecho, que era duro, llevando armadura de acero para soportar los envites de la vida y el amor.
Pero la traspasaste, hiciste blando lo duro, y esa armadura abrió hueco para ti, porque llegaste a abrir lo que en su día estaba cerrado, lo que parecía imposible que volviera a sentir.

Sabías que dolería.

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